El legado del Dragón
Hasta los guerreros más legendarios caen ante el paso del tiempo (siempre que no se trate
de un elfo, claro). No importa que en su juventud derrotasen a dragones encolerizados o que durante su madurez capitaneasen bravías tropas contra ejércitos incontables, todos pierden contra el segundo que llega después del penúltimo. Sin embargo, sus gestas no se pierden con su vida, éstas perduran generación tras generación, hasta que logran fundirse con la sociedad de un modo tan íntimo que las adopta como propias. Qué mejor recuerdo para el fallecido Gary Gygax, coautor de Dungeons & Dragons, que enseñar su inestimable creación a las nuevas generaciones.
Gary Gigax siempre sintió atracción por los juegos de tablero y pronto comenzó a innovar con mapas de planillo hexagonal y con dados de más de seis caras. Incluso, en 1967, organizó un encuentro de jugadores de wargames en el sótanto de su casa, esta reunión evolucionaría hasta convertirse en la Gen Con, la convención de jugadores más grande en la actualidad. En eventos de ese tipo también desarrollaba su afición por las miniaturas con algunos de sus compañeros: Don Kaye, Mike Reese, Leon Tucker y Jeff Perren, con éste último creó el juego Chainmail, precursor del Dungeons & Dragons.
Aunque su gran amigo fue el otro coautor de Dungeons & Dragons, Don Kayne, juntos fundaron la empresa Tactical Studies Rules que en 1974 parió al juego de rol más famoso del mudo. En los ochenta sufrió problemas financieros y su actividad se redujo notablemente hasta fines de los noventa. Pero la semilla ya estaba plantada.
Los juegos de rol crecieron y su temática se amplió. Cada vez poseían reglas más elaboradas, un trasfondo más profundo y medios más avanzados. También llegaron las películas, series de animación y, sobre todo, los videojuegos. El mercado del rol goza de estabilidad y en estos años tiende a crecer, y en estos días hay que recordar que todo comenzó con una tirada de dados sobre una mesa repleta de planos en un sótano en penumbra.

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